Estimados amigo

s. Un golpe de estado repudiable en la centroamericana república de Honduras tiene lugar a las 05:00 del domingo 28 de junio de 2009. Doscientos soldados invaden las casa presidencial, atropellan la majestad del Presidente de la República, lo secuestran, lo conducen a la base aérea y deportan a Costa Rica al Presidente Manuel Zelaya. La bota militar, una vez más, pisotea la democracia latinoamericana.
Soy un hombre democrático. Mi rechazo frontal a este golpe de estado que se lo quiere disfrazar de muchos matices constitucionales y con todos los colores democráticos.
Pocas horas después, Congreso y diputados hondureñas se convierten en payasos de un sainete vergonzoso. El Secretario de dicho Congreso lee la renuncia del Presidente Manuel Zelaya. Los congresistas se apresuran a aceptarla. Zelaya, desde Costa Rica desmiente dicha renuncia. Entonces, el Secretario del Congreso hondureño lee un nuevo acuerdo mediante el cual se destituye al Presidente Constitucional por haber violado la Constitución y al liberal Presidente del Congreso lo designan Presidente de Honduras.
Los gobiernos de América Latina rechazan el golpe de Estado. Lo propio hace el Presidente norteamericano y los países de la Unión Europea. Pero algunos presidentes reaccionan como fieras:
El Sr. Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, proclama que derrocará

a cualquier presidente que se juramente en Honduras; que hará todo lo que tenga que hacer para restituir a Manuel Zelaya. El Ec. Rafael Correa, Presidente de Ecuador, con menos vehemencia que Chávez, hace "un llamado con todo respeto, pero con todo cariño y solidaridad latinoamericana, al pueblo hondureño a levantarse contra estos poderes fácticos" y apela a la conciencia de los soldados hondureños para que no obedezcan "órdenes ilegítimas" y a restituir a Zelaya en su cargo.
Hay ferocidad en estas declaraciones y una peligrosa actitud contra la democracia continental como si la felicidad de nuestros países dependiera de la voluntariedad del señor Chávez porque la desgracia de nuestros pueblos somos nosotros. Por eso digo que reaccionan como fieras contra sus desafectos.
Ecuador, una similitud hondureña
Ecuador también ha sufrido de estos golpes de estado y similares payasadas protagonizadas por los Congresos de turno.
El Congreso de 1996, presidido por el Sr. Fabián Alarcón, protagonizó un golpe de estado contra el presidente constitucional Abdalá Bucaram. Hay similitud con el Congreso hondureño. Para destituir al Presidente Bucaram, el Congreso lo declara loco y posteriormente lo enjuicia siendo loco. Sólo en mi país ocurren estos hechos asombrosos.
Posteriormente, ese mismo Congreso desconoce a la Vicepresidenta, Rosalía Arteaga, que en la sucesión constitucional la correspondía asumir la Presidencia de la República. E igual que en Honduras, los congresistas designan como Presidente de la República al Presidente del Congreso, don Fabián Alarcón.
Desde esa fecha, el Congreso ecuatoriano se convirtió en golpista. El grito “
que se vayan a la casa” fue una muletilla popular que todo el continente escuchaba menos los diputados golpistas.

Cuando el Presidente Mahuad abandona el poder, el coronel Lucio Gutiérrez preside un cuadriunvirato que da un golpe de estado por 24 horas. El vicepresidente Gustavo Noboa tiene que asumir la Presidencia de la República en el Ministerio de Defensa porque el Congreso fraguaba su propio golpe de estado.
Cuando los “forajidos” quiteños derrocan al dictócrata Lucio Gutiérrez, el Congreso reunido en el CIESPAL espera impaciente que el Alto Mando Militar “le quite su respaldo al Presidente de la República”. Entonces, Cinthya Viteri, Presidenta del Congreso, en la más rápida y bochornosa sesión, posesiona al Vicepresidente Alfredo Palacio como Presidente de la República.
Nadie puede olvidar la pusilámine actitud del Congreso que preside el manabita Jorge Cevallos; el Presidente Correa hizo y deshizo de los diputados hasta que logra que, este Congreso, violando las normas constitucionales, le autorice la consulta popular para reformar la Constitución. Lo que sigue es una historia reciente que todos hemos vivido.
Los extremos se tocanLos hechos que estamos viviendo en Amé

rica Latina nos convocan a la reflexión y a la acción. A la acción y al compromiso democrático de defender nuestros derechos, derechos establecidos en la Constitución vigente desde el 20 de octubre de 2008.
Lo ocurrido en Honduras debe ser rechazado frontalmente por los hombres y mujeres democráticos de América. Es, como dice el Presidente Correa, un retorno a las viejas prácticas de las dictaduras de los años 60. Gobiernos e instituciones comprometidas como las hondureñas, plutocracias de la derecha reaccionaria incapaces de percibir, asumir y convivir con los cambios que alientan en América Latina, es el extremo peligroso de un pensamiento retrógrado que nos empujan al otro extremo..
En el otro extremo están las declaraciones presidenciales del coronel venezolano, Hugo Chávez, que también deben ser rechazadas. Constituye una intromisión en la soberanía de los Estados. ¿Quién nombró al señor Chávez tutor de la democracia latinoamericana? ¿Quién le autorizó a derrocar los gobiernos que no comparten con su ideología? ¿Es que acaso, quiere convertir al ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) en un Pacto de Varsovia como el que utilizó la Unión Soviética para invadir Checoeslovaquia y Polonia para destruir, a sangre y fuego, las nacientes ideas democráticas que nacían como respuesta a la dictadura soviética?

Estamos viviendo dos posiciones extremas. Los unos que defienden sus instituciones tradicionales y la estructura de su poder político y económico; son los “pelucones” como en Ecuador llama el Presidente Correa a sus opositores. Los otros, los bolivarianos del señor Chávez, quienes quieren convertirse en los árbitros de la paz y de la guerra en América Latina.
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Si juramentan a Micheletti o a Peleletti o Gafetti o a Goriletti, lo derrocaremos. Lo derrocaremos, así lo digo". "
He puesto en alerta a las Fuerzas Armadas venezolanas", advirtió el señor Chávez
Los hombres democráticos del continente tenemos una dura tarea para defender los derechos humanos comenzando por el derecho a pensar, a decir, a escuchar y a decidir, que constituye la libertad de expresión.
SÁNCHEZ RAMOS Joselías
Periodista, escritor y docente universitario
Manta, 29 de junio de 2009Pie de foto:
F1. El pueblo hondureño reacciona y se enfrenta al ejército golpista.
F2. En San José de Costa Rica, Manuel Zelaya y Oscar Arias, presidente de ese país que acoge y se solidariza con el Presidente Constitucional.
F3. Soldados golpista se apoderan de la Casa Presidencial y secuestran al Presidente Constitucional, Manuel Zelaya, para deportarlo a Costa Rica.